GITANOS POR LEVANTE

 

Sobre los gitanos en el reino de Murcia y su aportación a los cantes de levante.

Miguel Fernández Rodríguez

 

 

Los primeros gitanos llegan a tierras murcianas en julio de 1470 capitaneados por el conde Jacobo de Egipto Menor. A este le seguiría en enero de 1471 el duque Paulo. Desde esa fecha hasta la actualidad, las tierras de Levante han sido junto a Andalucía  las que han contado con mayor población gitana. El motivo podría ser la gran demanda de caballerías para la agricultura, que daría oportunidad de negocio para los chalanes gitanos; así como la bondad del clima de estas tierras y el temperamento abierto y campechano de sus  gentes. Antiguos documentos confirman esa predilección de los gitanos por las tierras murcianas desde antaño. En la lista de 75 ciudades establecidas legalmente en 1717 para el asentamientos de gitanos, podemos ver que, después de las ciudades andaluzas del Puerto de Santa María (157  familias) y Sevilla (130 familias), serían Murcia (49 familias) y Lorca (47 familias) donde vivían más familias gitanas.

 

La minoría gitana en España, como en toda Europa, ha sido perseguida por los gobernantes. Desde los reyes católicos se sucedieron las pragmáticas y leyes para conducir al pueblo gitano a la asimilación forzosa y la consiguiente perdida de su cultura. Uno de los episodios más penosos de la historia de los gitanos españoles fue la redada general de gitanos  durante el reinado de Fernando VI. De diez a doce mil gitanos fueron apresados por el simple hecho de serlo el día 30 de julio de 1749. Aunque algunos fueron reclamados por las autoridades de  sus lugares de origen, el indulto para los últimos presos no llegaría hasta 1763 por orden de Carlos III. De esta manera reclamaban los gitanos presos en el arsenal de la marina de Cartagena su libertad:

 

Señor.

Los castellanos nuevos, quien se hallan en calidad de presidiarios en el arsenal de Cartagena puestos a los R.P. de V.M. con el maior rendimiento dicen:

Que han sufrido por tiempo de quatro años, la pena de el destierro, sin saber qual sea su delito. Y siendo otro tiempo el que se ha prescripto a los demás vasallos de V.M. quien han aprehendido por bagabundos: Por tanto.

Suplican rendidamente a V.M. se digne atender piadoso a sus humildes ruegos; y concédales libertad, para que puedan poner cobro a sus humildes haciendas y unirse a sus pobres mujeres, hijos y familias, que igualmente están dispersos con el dolor de verse separados unos de otros, teniendo por naturaleza y amor tan estrechos vínculos como lo son, la sangre y el matrimonio: merced que esperan de la real generosa clemencia de V.M. sus más infelices vasallos.

 

Bernardo Martínez de Malla

Christóbal Bermúdez

Miguel Correa

Salvador Bau… (?)

Pedro González   

(Trascripción textual)

 

Después de este lamentable episodio en el que se barajó la idea de la “solución final” para el pueblo gitano, fue Carlos III quien dio a los gitanos la ciudadanía española.

 

Desde antiguo los gitanos han tenido una especial disposición para el ejercicio de la música y la danza. En todos los países por donde han pasado han sabido dar a  las formas musicales nativas una nueva vida, “agitanando” los distintos folklores e interpretándolos con una pasión y virtuosismo dignos de la admiración del pueblo y los artistas e intelectuales no-gitanos.  A pesar de la controversia que siempre ha existido sobre el origen del flamenco, es indiscutible que esta música no se entendería sin la aportación gitana. El elemento gitano es indisoluble del concepto de flamenco, palabra  esta última que, según Antonio Machado y Álvarez, era como llamaban los andaluces a los gitanos.

 

Existen documentos desde el siglo XVIII que nos muestran a los gitanos bajo-andaluces interpretando cantes y bailes que serían los antecesores del flamenco actual. En el libro de la gitanería de Triana del Bachiller Revoltoso, de 1750 se da noticia de las danzas que ejecutaban las gitanas en “las casas principales de Sevilla”  acompañada por un canto que comenzaba “con un largo aliento” llamado canto de galeras, he aquí un claro antecedente del cante jondo. A partir de entonces la documentación es numerosa en Andalucía. Pero, ¿que pasaba mientras tanto en Murcia? ¿cantaban los gitanos murcianos? Los gitanos murcianos cantaban y bailaban, así lo dejaron registrado los viajeros románticos que visitaron estas tierras. Por el Ingles Richard Ford y el francés  Charles Davillier sabemos que en Totana  existía una numerosa población de  gitanos y que eran posaderos, comerciaban con la nieve de Sierra Espuña y también eran chalanes de caballos. Así lo cuenta Charles Davillier:

 

“El dueño de la posada en que nos alojamos era un gitano, como lo son buena parte de los posaderos de la comarca. Nos contó que, no siendo el oficio siempre provechoso, se veía obligado, para tener dos cuerdas en su arco, a comerciar también con nieve. Este comercio es mucho más importante de lo que se podía creer en un país donde el calor es sofocante durante una parte del año. Está ejercido únicamente por gitanos, o casi únicamente (…) Otro oficio del que los gitanos tienen el monopolio es de chalanes de caballos (…) en cuanto a las mujeres no ejercen otro oficio que el de bailarinas y echadoras de buenaventura”

 

 

Vemos por lo tanto que los gitanos estaban establecidos en la región y eran sedentarios, ejerciendo oficios de utilidad para la sociedad de aquella época y que había gitanas que se dedicaban al baile.

 

Según Ford sobre 1830:

 

“Su gran lugar de reunión están en Palmas de San Juan, donde bailan la Toca, el Ole y el Mandel”

 

Sabemos que el ole era un baile preflamenco que tiene su origen en la zarabanda, una danza muy interpretado sobre todo por gitanas desde el siglo XVI hasta el XVIII. De la Toca y el Mandel no hemos podido recoger información.

 

2

Grabado de Dore, el tema es una fiesta gitana cerca de Murcia.

 

Otra viajera francesa la condesa de Gasparín, sintió curiosidad por los gitanos y los visitó en Murcia en el barrio del Carmen, donde vivían principalmente. Estamos en los años 60 del siglo XIX. Así nos describe una juerga flamenca que improvisan un grupo de gitanos y gitanas para la insigne turista a cambio de unas monedas:

 

“Mientras las tres gitanas, descuidadamente palmean: muevan sus cabezas morenas, verdaderas hijas de Nubia. Una canta y responde a los acordes del instrumento. Su voz es metálica, tiene gemidos armoniosos, lanza notas estridentes, produce la fantasía árabe que nunca una pluma podrá reproducir (…) Y ahora Dolores (…) se acerca con pasos indolentes y gira alrededor de Rafael. Esta danza es un  poema de Oriente, se escuchan las armonías. Hay pocos movimientos, el bailarín y la bailarina se acercan y se alejan con lentitud, sus dedos nunca se encuentran, los ojos de la joven permanecen medio cerrados, sus labios, serios; parece un rito realizado en las profundidades de un templo egipcio”

 

Cante y baile jondo echo por gitanos murcianos en la época en que el flamenco estaba en pleno desarrollo.

 

Las personas que no conozcan la intrahistoria del flamenco fácilmente pueden llegar a la conclusión de que los cantes de Levante son cantes payos en los que el gitano ha tenido y tiene poco que decir. Nada más lejos de la realidad, creemos que las aportaciones a la familia de los cantes levantinos por parte de artistas gitanos ha sido muy importante y que el pueblo caló ha dado cantaores y cantaoras, guitarristas y bailaoras que han contribuido a que estos cantes estén entre las más valiosas joyas del acervo flamenco, divulgándolos y aportando el sello de su raza a estos bellos cantes, toques y bailes.

 

 

Poco se sabe del mítico cantaor gitano Perico Sopas, amigo de Silverio, que trabajó como mozo de cuadra para el Rojo el Alpargatero. Y menos todavía  de el Nolasco, otro cantaor legendario que conocemos por la tradición oral. En Linares estaba Basilio, primo de Don Ramón Montoya que según parece enseñó los cantes mineros de su tierra, nada más y nada menos que a Escacena. Otra anécdota famosa sobre este gitano de Jaén es la que nos dice que el mismísimo Don Antonio Chacón tuvo que recurrir a su admirado Manuel Torre, su majareta, para desbancarle por tarantas en una juerga madrileña que duraba varios días. La época de la primera discografía nos dejó importantes grabaciones de los cantes de levante que hoy día constituyen la base de nuestro flamenco levantino. Ahí esta la herencia que nos dejaron El Cojo De Málaga, La Niña de los Peines, Manuel Torre y el toque de Ramón Montoya, sin duda valioso tesoro gitano. En el baile fue la incomparable Carmen Amaya la primera en bailar el  taranto.

 

En la época de los discos de vinilo fueron muchos los cantaores calós que siguieron cantando por levante. Podemos citar a Porrina, siempre desde su particular visión del flamenco; El Chocolate, seguidor de los tarantos de Manuel Torre; Gabriel Moreno un verdadero maestro de la taranta de su tierra, Linares,  y muy largo por toda esta familia de cantes. Y como no Camarón, el genio de la Isla practicó estos cantes en disco y en sus conciertos, donde nunca faltaba su versión de “Los picaros tartaneros” o “La Grabiela”. Si hoy en día los jóvenes gitanos (y todos sus seguidores de las más variopintas procedencias)  conocen estos cantes es sobre todo por la difusión que les dio  Don José Monje Cruz.

 

En 1967 un joven valenciano se hace acreedor de la lámpara minera en el certamen de La Unión, su nombre es el Peti, hermano del que luego sería famoso cantautor (o mejor cantaor-autor) flamenco Parrita.

 

Dentro de la región murciana El Niño de Levante, padre de Pepa y Maruja Garrido,  destacó desde muy joven. Pero sin duda si hay una saga flamenca y gitana digna de tener en cuenta, es la de los Fernández. Con tres generaciones de artistas flamenco: el patriarca Antonio Fernández, toda una institución en el festival internacional del cante de las minas, su hijo Rosendo, guitarrista oficial del mismo; y su nieto Antonio Muñoz Fernández, ganador del bordón minero de 1989. Pero esta familia no solo ha dado tocaores, Encarnación Fernández, ganadora en dos ocasiones de la lámpara minera, es sin duda el ejemplo mas claro de que se puede sonar gitano y minero al mismo tiempo, se puede evocar la fragua y la mina, se puede ser muy de aquí, y al mismo tiempo de ese nación sin territorio que se extiende por todos los caminos desde la remota India hasta estas costas mediterráneas, acogedoras de civilizaciones y culturas. El cante de Encarnación es gitano y minero, y no estamos hablando de fusión ni mezcla, estamos hablando de que es al mismo tiempo la queja de los mineros que se tienen que enfrentar a los peligros de la mina y a la injusticia de la desigualdad social y el grito de dolor de un pueblo siempre perseguido e incomprendido.

 

 

 

 

 

 1

Grabado de Capuz, gitanos de la provincia de Murcia.

 

 

 

Bibliografía consultada:

 

Los Gitanos, Angus Fraser. Editorial  ARIEL, Barcelona 2005

La Gran Redada de Gitanos, Antonio Gómez Alfaro, Ed. presencia gitana, Madrid, 1993.

Viajes de Extranjeros por el Reino de Murcia. Cristina Torres-Fontes Suarez.. Editorial Asamblea Regional de Murcia.

El Rojo el Alpargatero, flamenco. José Gelardo. Editorial  Almuzara (2007)

Libro de la gitanería de Tiana de los años 1740 a 1750. Bachiller Revoltoso. Junta Municipal de Triana. Sevilla. 1995.

 

Este artículo fue publicado en el número 1 (2ª época) de la revista LAMPARA MINERA.

Una respuesta to “GITANOS POR LEVANTE”

  1. Rom Says:

    Excelente artículo Miguel, enhorabuena y a seguir indagando.

    Un abrazo prala

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